Había, en el living de la casa de mis abuelos, un cuadro que valoraban mucho. Era el paisaje de un rancho en plena
pampa que había hecho un pintor hijo de italianos que vivía en Villa Ballester,
que a principios del siglo XX era un pueblito en el medio del campo. Mis
abuelos tenían muy poco dinero y muy muchos amigos y uno de ellos pagó la
fiesta de casamiento de mi tía, por lo que como agradecimiento le regalaron el
cuadro, que era lo más valioso –económicamente- que poseían.
Mi padre se quedó con el
recuerdo de ese cuadro y siempre intentó recuperarlo. Se comunicó con los hijos
de ese amigo que lo había recibido, que en realidad era un primo de mi abuelo,
y le dijeron que, como tantas cosas en la familia, nadie sabía dónde estaba.
También llamó a un conocido que dice saber de arte y éste le contestó que como
ese cuadro hay decenas, precisamente porque el pintor retrataba lo que tenía a
mano en Villa Ballester, es decir un montón de ranchos en plena pampa.
Un día mi padre estaba de
viaje y lo llamó su suegra, mi otra abuela, para avisarle que había encontrado
el cuadro que él tanto quería recuperar: del pintor de Villa Ballester, un rancho en la pampa. “Cómprelo”, le dijo él sin pensarlo y
sin pedir más datos. Mi padre y sus suegros nunca se tutearon.
Ni bien volvió a casa mi
padre se avalanzó sobre el cuadro. Era efectivamente del mismo pintor que el
que él buscaba y se trataba de un paisaje típico de la pampa. Era una imagen al
atardecer, centrada en un inmenso algarrobo con su robusto tronco y, detrás
suyo, un monte. Pero a simple vista, faltaba el rancho.
Mi padre se quedó en
silencio unos instantes y luego sólo atinó a preguntar:
“- Pero, ¿y el rancho?
- Ahí está”, contestó su
suegra, señalando a un costado, donde se veía el mismo monte pero con árboles más
altos.
Mi padre nunca dijo nada al
respecto y el cuadro, sin el rancho, está colgado en el living de su casa. Como
el que estaba en lo de mis abuelos y que él tanto buscaba, que tenía un rancho.